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Banca comercial = parasitismo


Artículo para el Diario de Alcalá. 1ª parte. Saldrá publicado en el suplemento de economía del Diario de Alcalá el sábado 23 de mayo.


Esta primera parte es algo más filosófica, el ámbito más técnico queda para la 2ª parte de este artículo.


DECONSTRUYENDO EL PARASITISMO COMERCIAL, A LA BÚSQUEDA DE UNA EFICIENTE SIMBIOSIS


Me ha encandilado una acepción del término deconstruir. Deshacer analíticamente los elementos que constituyen una estructura conceptual, casi na. Entronca con mi vocación por generar conciencia en ámbitos en los que humildemente considero que la mayoría maneja conceptos erróneos, artera y certeramente inculcados. No es fácil remover conceptos (memes) ni deconstruir estructuras, más bien es casi imposible, aunque si consigo que algún lector de este ensayo, frene, reduzca la marcha e incluso se pare en la cuneta para transitar por las reflexiones que iré desparramando, me daré por satisfecho.


Este modesto escribano que está a punto de finalizar su 4º decenio de vida, ha deambulado por diversas estructuras comerciales de entidades financieras y aseguradoras, siempre tratando directamente con el pequeño inversor, siempre obligado a seguir las directrices de los consejos de administración de dichas entidades, ubicados en posiciones a priori cómodas, con un único objetivo, la rentabilidad para la entidad, no para el cliente. A nadie escapa el evidente antagonismo entre la obsesión por conseguir rentabilidad para una estructura comercial (de una entidad financiera) y la búsqueda de la cordura, la eficiencia y la asignación de activos adecuados para cada cliente. No pueden casar y lo hemos comprobado en nuestras carnes con eventos como la quiebra de Lehman Brothers o el fraude Madoff, arrasando con los patrimonios de aquellos que, a pesar del cúmulo de despropósitos que seguramente habían ido padeciendo en los últimos años, seguían confiando en aquellos que, tras las bambalinas de suntuosos palacetes y despachos, les transmitían certezas en ámbitos en los que es imposible vaticinar incluso que ocurrirá mañana. No aprendemos que no aprendemos y de eso se aprovechan.


Multitud de reflexiones se agolpan en mi cabeza, algunas imposibles de ser transcritas al papel por su dureza y por el descaro de los que obligan a llevarlas a cabo, piensen mal y acertarán. En el título he denominado a este comportamiento de las entidades financieras parasitismo, y no crean que exagero. Los métodos, los objetivos y la búsqueda de rentabilidad obligan a una relación cliente-entidad que entra de lleno en el concepto de este tipo de asociación entre organismos. Según el diccionario es la costumbre o hábito de los que viven a costa de otros y se aprovechan de ellos, ustedes mismos. Analicen sus carteras, aquellos que sigan dejando en manos de la banca tradicional su patrimonio o parte de él, y cuestiónense en base a que métodos, vaticinios, razonamientos indirectos u obligaciones internas, su asesor le ha recomendado su actual asset allocation.


Frente a esta subjetiva e ineficiente forma de actuar, el mundo anglosajón nos enseña como ha evolucionado el ámbito de la gestión de patrimonios, transitando desde la aleatoriedad y las malas artes de las entidades de masas a la búsqueda de asesores personales o despachos que se involucran en la gestión de sus clientes con sus propios patrimonios. Estos últimos suelen estar pertrechados en las matemáticas y en métodos sistematizables, suelen ser exquisitos en el control del riesgo, diversificando entre métodos de inversión realmente descorrelacionados (direccionales, long short etc) y suelen contar con estadísticas sobre su labor. En los tiempos que vivimos, rodeados de informática y de datos por doquier, sorprende que, en el entorno financiero, el pequeño inversor continúe impertérrito sin exigir históricos de señales, de resultados etc.


Busque y exija este tipo de detalles, analicen como se comportó en épocas de caídas bursátiles, momento ideal para saber si se funciona por intuición o si hay algún método tras la fachada. Suelo repetir que, aunque tengo un pasado en el que confiaba en el análisis técnico como generador de decisiones, el cúmulo de errores me llevó a descartarlo como herramienta eficiente para la gestión de patrimonios financieros. Tampoco considero el análisis fundamental como un método útil, al menos los análisis que trascienden y llegan al pequeño inversor, sobre todo cuando nos encontramos en periodos de discontinuidad matemática, como estamos viviendo desde mediados de 2007.


Por simbiosis, el diccionario denota lo siguiente, cualquier asociación en la que sus miembros sacan provecho de la vida en común. Para el que no es un comercial puro (es mi caso), la única senda viable es la de mostrar, al que tiene al otro lado, que se puede habilitar un marco de actuación en el que las dos partes salgan favorecidas. Emergen aquí algunas variables que son indispensables, el número de iteraciones en la relación cliente-supuesto experto (los contactos deben ser frecuentes, máxime en el negocio financiero), objetividad de la metodología a emplear (busco objetividad con herramientas cuantitativas, cuanto más alejadas de la intuición mejor) y por último, algo que es muy aconsejable, que yo aún no puedo ofrecer, y que no es otra cosa que acometer con dinero propio aquello que se está recomendando.


Tras este proemio casi metafísico y que espero les haga pensar, paso ahora a glosar esas herramientas y metodologías, de las que he hablado, y que cada día pueden ver actualizadas este blog.

CONTINÚA EN EL SIGUIENTE POST.

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